Qué pasa al reprimir emociones

¿Qué pasa al reprimir emociones?

Esta vez me quiero dar permiso para escribir un artículo con más soltura, inclusive rozando en lo vulgar, para explicar, de cierto modo, lo que ocurre con las personas cuando reprimimos las emociones. Me he dado cuenta que cada vez que explico esto de esta manera, las personas entienden inmediatamente, tanto en aulas de clases, consultas clínicas y conversaciones coloquiales.

Imagina que has pasado por una situación (algún hecho, pensar una idea, evocar algún recuerdo, etc.) que te ha generado una emoción positiva, o negativa.

Luego, por hábito o decisión personal decides que no puedes permitirte expresar la emoción, así que sucede que la reprimes, y en vez de elegir manifestarla más tarde en un momento que te sea conveniente, pues resulta que optas por no manifestarla en absoluto, te la tragas e ilusamente (no me equivoco: “ilusamente” es el concepto adecuado) pretendes que olvidándola solucionarás el conflicto que te provoca dicha emoción y su expresión.

La verdad es que lo único que provocas es que todos los neurotransmisores, hormonas y los demás químicos que se generan durante una emoción sigan dando vueltas por tu organismo, alterando muchas de tus funciones biológicas, entre ellas, las neurológicas.

Y peor, las emociones reprimidas, dicho de forma popular se “van sumando” porque cada vez que reprimes y no expresas nunca te vas saturando más de esos químicos que produce tu organismo durante las emociones.

Hasta que tu Sistema Nervioso colapsa y generas comportamientos inadecuados y desadaptativos como la impulsividad agresiva y violenta, estallidos de llantos o de risas, intromisión en el espacio privado de otros sin pensar en las consecuencias, crisis nerviosas, e inclusive enfermedades como las alergias, dolores musculares focalizados, colon irritable, u otras consecuencias psicosomáticas que pueden llegar en sus mayores extremos hasta un cáncer, paro cardiorrespiratorio, derrame cerebral, y más.

Ojo, no lo digo yo, lo dicen los resultados de cientos de miles de estudios clínicos realizados desde los inicios de la psiquiatría con su descubrimiento de las “crisis histéricas” (paralización de una parte del cuerpo, por tensión nerviosa, nacida de reprimir emociones por mucho tiempo).

Pues bien ¿cómo entender esto de manera simple, llana y descrito para todo tipo de personas? Aquí va mi ejemplo vulgar 🙂

Qué pasa al reprimir emociones

Imagina que pasar por una situación que te genera una emoción intensa es como comerte un plato de comida que te hincha, que te produce gases. Lo normal es deshacerte de esos gases con un íntimo pedo en un momento adecuado, por ejemplo, en el baño o cuando hay ruido que te oculte el sonido.

No obstante, resulta que optas por no lanzar tu pedo, te lo guardas porque aprendiste que no es correcto, o que puedes eliminarlos tan solo por quererlo (pensamiento iluso).

Vuelves a comer más comida que te hincha, ahora esos gases se suman al que retuviste, y por obviedad tienes una presión intestinal mayor, y esto significa que debes andar con más cuidado para que no se te salga un gran pedo.

Pero claro, sigues comiendo cosas que te hinchan, sigues conteniendo los gases que se van sumando y sumando, a veces se te sale alguno sin querer en el momento menos adecuado, hasta que pasa una de dos cosas: revientas tu intestino, te mueres o quedas tan enfermo que debes permanecer hospitalizado, o sin querer se te sale gran parte del cúmulo enorme de gases podridos (incluso fecas) cuando menos lo esperas, causándote problemas varios además de mucho dolor en tu trasero.

¿Comprendes ahora que lo saludable es expresar tus emociones de forma adecuada, al igual que los gases, cuando las sientes? Si no quieres hacerlo en el mismo momento, hazlo entonces después ¡pero hazlo!

 

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