Profecías autocumplidas y decretar cosas

Profecía autocumplida (decretar cosas)

Estaba la señora convencida que su marido la dejaría por otra, que se aburriría de ella. Él encontraría a otra mujer más bella, más cariñosa, más joven, más tierna, más inteligente, más comprensiva y, en fin, a una superior en todo lo que ella era.

Esto se lo decía al marido de vez en cuando, y ella misma lo pensaba a menudo. Tanto, que al final consiguió dos cosas. La primera, que él se saturara, se agotara, se cansara profundamente de esos comentarios derrotistas que por debajo también delataban la falta de confianza de ella en él (¿para qué estar con alguien que no confía en mí?). La segunda cosa, fue que la propia señora se programara para percibir e interpretar todo de tal manera que le confirmaban que él la abandonaría. No importaba si él saludaba a una vecina, a una prima, a una amiga, a la señorita que atendía la panadería… ella siempre sentía esa certeza de que sería abandonada por otra mujer, inclusive cuando él se dormía primero o tardaba en darse cuenta que ella había pasado por la peluquería.

Cada detalle, esta señora lo interpretaba mal, siempre justificada en que sería abandonada por su pareja.

Al final, el marido ya no pudo más con esta desconfianza y se desenamoró, terminó la relación y la mujer le dijo “¿viste que yo tenía razón?”, sin darse cuenta que ella misma había provocado todo, desde el inicio hasta el final.

Esto es una profecía autocumplida, un decreto. La mente se programa para crear una determinada cosa, busca aquello que confirme que está en lo correcto y desecha todo aquello que confirma lo opuesto. Involuntariamente toma las decisiones que favorecen que se cumpla ese deseo, y pasa por alto aquellas decisiones que hacen un efecto contrario.

Finalmente, tenemos que la propia persona se ha creado una nueva realidad producto de sus creencias y obsesiones, de las cuales no se da completamente cuenta y se lo explica con argumentos superficiales e incluso ilógicos como responsabilizar a otros.

Profecías autocumplidas y decretar cosas

Cuando operan las profecías autocumplidas (o decretos) toda nuestra mente se organiza para conseguirlas, sea voluntariamente como involuntariamente, consciente e inconscientemente. Por eso es un tema peligroso, es una habilidad psíquica riesgosa cuando no se le controla y no se conoce cómo funciona.

Si decretas que eres pobre, que eres inferior al resto, pues tu mente se organizará de tal manera que todo lo interpretarás de ese modo, todo lo que harás apuntará a mantenerte así. Y al contrario, si decretas que eres afortunado, todo tu Ser apuntará a aquello y tomará las decisiones que lo cumplan y confirmen.

Lo que piensas con fuerza, lo que piensas con convencimiento te hará conseguir una vida muy aproximada a ese pensamiento fuerte. Cuidado.

Se dice que lo que pensamos crea nuestras realidades y, de hecho, es así, completamente. Si crees que eres torpe, tonto, mediocre, agresivo, egoísta, maltratador, malo para generar dinero, pésimo padre/madre, o un sujeto que no merece nada bueno, pues tu vida será tal cual como piensas.

Al contrario, si piensas cosas positivas como que estás logrando desarrollarte, que vas por el camino correcto hacia el logro, que eres buena persona, que tienes éxito y fortuna, pues tu vida va a aproximarse cada vez más a esas condiciones.

Básicamente es programar tu mente para que su funcionamiento automático (inconsciente y subconsciente) operen en tu beneficio, y no al revés.

Para conseguirlo hay algunos trucos elementales, como simplemente pensar una y otra vez que eres afortunado, que eres sosegado, que tienes dinero, que tienes buena salud, que eres alegre (o lo que quieras, que sea positivo). Es algo de habituarse, y como todo hábito, se consigue repitiéndolo día a día hasta llegar a sentirlo y actuarlo automáticamente.

Una observación importante es que debes tratar de ser detallista cuando quieres decretar o programar una autoprofecía. Por ejemplo, si tu afán es tener más dinero, pues piensa en el monto que quieres y que estás seguro de conseguir, que sea realista. Si estás iniciando un negocio, podrías pensar en un monto inicial y alto que quieres conseguir, y mentalizarte para sentirte seguro que lo conseguirás.

Esto funciona con todo tipo de cosas, pero siempre debes tener clara tu meta, y que debes habituarte a programarte (decretar) día a día, ojalá varias veces por día, para que tu mente se oriente completamente a tus objetivos.

Ejemplos generales:

  • Tengo dinero y estoy teniendo más.
  • Tengo fortuna, todo me resulta bien.
  • Mi salud es buena, y cada día es mejor.
  • Mi pareja me ama, la amo y somos felices.
  • Soy feliz, me lo demuestro a mí mismo todos los días.
  • Los problemas tienen solución, me mantengo contento.
  • Gano buen dinero, y alcanzaré el puesto de jefe en mi trabajo.
  • Mi proyecto de negocios es fenomenal, trabajo bien para concretarlo.
  • Mi cuenta de banco tiene $40.000.000 más, a fin de año se completarán.
  • Soy feliz, encontraré una pareja que también sea feliz.
  • Confío en mi por sobre todas las cosas.
  • Me amo, me cuido, me protejo, sé decir que no.
  • Mis sentimientos son míos, nadie puede cambiarlos.
  • Existo para vivir mi vida, nadie puede hacerme vivir su vida.
  • Soy responsable de mí, y de ningún otro adulto.
  • Soy invulnerable ante las manipulaciones.
  • Sé lo que quiero y lo consigo.

Inventa tus propios decretos o autoprogramaciones, siempre respetando que sean redactados de forma positiva, evita la palabra “no”, e intenta que su mensaje diga, de cierta manera, que ya lo has logrado (de esta manera la mente sentirá más intensamente el decreto, aumentando la probabilidad de conseguirlo como quieres).

¡Importante!

Para que todo esto funcione debes creer sin dudar en lo que piensas, debes sentirlo y actuar exactamente como si ya lo hubieses conseguido. Si tan solo te quedas en desear sin sentirlo profundamente y sin actuar, solo tendrás fantasías y, en consecuencia, frustraciones. Una sola duda que tengas (por ejemplo, pensar que estás haciendo el ridículo al decretar) bastará para que tengas que comenzar de nuevo o que simplemente deseches esta habilidad psíquica por creer que no sirve, siendo que tu mismo lo echó a perder.

 

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