La Masculinidad

La Masculinidad

La masculinidad es propia del varón, es un conjunto de comportamientos característicos del hombre y que sirven para complementar la feminidad, que son los comportamientos característicos de la mujer, en la Sociedad.

Masculinidad y feminidad deben vivir en una simbiosis, en una convivencia que apunta al sano desarrollo de la cultura mediante el aporte de conductas inherentes al género al cual se pertenece, y estas conductas son generadas en parte por la neurobiología específica del cerebro que se tiene (por otra parte, debido también al aprendizaje vicario, es decir, el aprendizaje social). El cerebro de nosotros, los hombres, funciona de un modo relativamente distinto al de las mujeres, es algo indiscutible de carácter biológico. No se puede modificar.

Desde el surgimiento de las primeras aldeas humanas en el Período Neolítico, por allá en el año 8000 Antes de Cristo (hace unos 10 mil años) cuyo propósito era permitir el desarrollo de la agricultura, las familias o clanes dividieron las tareas en función a las particularidades del género al cual se pertenecía, es decir que los hombres realizaban tareas pesadas incluyendo la defensa de los clanes, mientras que las mujeres realizaban tareas que requerían más cuidado y delicadeza, habilidades inherentes de su género.

Visto de este modo, la masculinidad no es en lo absoluto algo negativo, sino que es algo complementario que ha colaborado junto con la feminidad en el desarrollo de las civilizaciones a lo largo y ancho del planeta. Sin la masculinidad (o sin la feminidad) probablemente aún estaríamos a miles de años de retraso.

No es malo promover la actitud masculina en los niños varones, al contrario, al hacerlo se les están desarrollando valores como el honor, el compromiso, el hacer lo correcto, la resistencia física y mental frente a las crisis, el sentido de apoyar a los más vulnerables, la protección de la familia y el sacrificio por ésta, entre otros.

La Masculinidad

Distinto es el machismo, eso no es masculinidad, sino que es una aberración producto de miedos y de prejuicios irracionales que minimizan el valor de la mujer dejándola como un ser inferior al hombre. Históricamente la mujer ha sido uno de los dos pilares de las civilizaciones (el otro es el hombre), por tanto, menospreciarlas es un acto de profunda ignorancia.

En efecto, el machismo suele estar acompañado de psicoticismo, psicosis, ignorancia profunda, incluso de una sospecha de ser homosexual negada o disfrazada con el machismo. El machista no es viril, sino que es un sujeto inseguro que no está consciente de la realidad que lo rodea.

Es común que la masculinidad sea confundida con machismo, esto porque no hay límites muy claros que sirvan para determinar dónde acaba uno y comienza lo otro, y peor, hay varios grupos sociales ignorantes de la Antropología, de la Historia y Prehistoria Mundial y de la Psicología Social que se dedican a difundir sus creencias desinformadas, confundiendo a millones de personas (sobre todo a los más jóvenes).

Una buena manera de identificar “qué es qué”, ocurre al identificar el motivo del comportamiento del hombre, por ejemplo, es muy distinto que el varón haga algo porque considera una tarea propia de él, a que lo haga porque considera que la mujer es incapaz; o que le pida a su mujer que se quede en casa unos meses cuidando a los hijos bebés porque sabe que así se criarán mejor, a que le pida quedarse en casa indefinidamente porque cree que es el “lugar obvio” de la mujer.

Un hombre masculino se sentirá orgulloso de los logros de su pareja, y no le importará que ella gane más dinero, que sea más inteligente o que consiga mejores estudios. Un machista se opondrá a que ella “sea mejor que él” porque se sentirá con menor poder sobre su pareja, creerá que es “menos hombre”. El varón masculino sentirá, además de orgullo, tranquilidad al saber que su pareja no depende de él, que puede confiar en su ayuda y colaboración como compañera de Vida.

Así que no hay que impedir que los niños jueguen a ser soldados, a ser cazadores o a otra diversión que fomente sus cualidades varoniles, sino que hay que orientarlos hacia el bien para que de adultos sean hombres buenos, respetuosos de la mujer, y con confianza en sí mismos.

 

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